GANGA Y MENA
El paisaje de la Sierra de Almagrera sigue siendo dramático y potente; el ocre de su tierra árida torna a dorado y, en ocasiones, a azulado por los caprichos de un sol inclemente. Por esos riscos, hace más de ochenta años, él iba y venía a diario, conduciendo una reata de mulos, de cuyos serones rebosaban quintales del mineral recién extraído, camino de los lavaderos y de las plantas de tratamiento donde se separaban la ganga y la mena. No alcanzaba los dieciocho años y hacía casi diez que faenaba de igual manera. Era noble y tenaz; por sus venas corrían la plata y el plomo que aquella sierra guardaba en sus entrañas y por la que, a lo largo de los siglos, los hombres habían entregado su salud e incluso la vida. No sabemos lo que pensaba pero sí lo que veía: tierra yerma a ambas orillas del cauce seco del río Almanzora, de la que no asomaba más que esparto, cardos y chumberas. Tierra maldita que la lluvia no visitaba más de una vez por década, llevándose entonce...