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Mostrando entradas de mayo, 2020

GANGA Y MENA

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El paisaje de la Sierra de Almagrera sigue siendo dramático y potente; el ocre de su tierra árida torna a dorado y, en ocasiones, a azulado por los caprichos de un sol inclemente. Por esos riscos, hace más de ochenta años, él iba y venía a diario, conduciendo una reata de mulos, de cuyos serones rebosaban quintales del mineral recién extraído, camino de los lavaderos y de las plantas de tratamiento donde se separaban la ganga y la mena. No alcanzaba los dieciocho años y hacía casi diez que faenaba de igual manera. Era   noble y tenaz; por sus venas corrían la plata y el plomo que aquella sierra guardaba en sus entrañas y por la que, a lo largo de los siglos, los hombres habían entregado su salud e incluso la vida. No sabemos lo que pensaba pero sí lo que veía: tierra yerma a ambas orillas del cauce seco del río Almanzora, de la que no asomaba más que esparto, cardos y chumberas. Tierra maldita que la lluvia no visitaba más de una vez por década, llevándose entonce...

HÁBITO PENITENCIAL

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La guerra apareció en su casa una tarde de julio. Nada se sabía de ella en aquella aldea donde el tiempo parecía haberse mineralizado a la par que la pirita que sus vecinos extraían y acarreaban de las entrañas de la tierra. El alguacil le entregó un oficio que tuvo que leer por ella: la quinta de su hijo mayor había sido movilizada. Esa misma noche, su marido y su hijo, en un carro tirado por dos mulos, partieron hacia la capital de la provincia para su alistamiento. Había preparado el zurrón del hijo con un par de mudas y una de las fotografías que, en la última fiesta de la Virgen de la Candelaria, les habían tomado. También contenía una hogaza de pan, tocino y longaniza de la última matanza. “Que Dios y la Virgen te acompañen, hijo” –lo despidió, sabiendo ya lo que a la mañana siguiente tendría que hacer- Se acercaría a la Ermita y haría “promesa”; después la costurera cortaría y cosería el “hábito del Carmen” que vestiría el resto de sus días si el hijo sobrevivía a aquella guer...

30.000 PIES

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El vuelo Madrid-Santiago de Chile suele ser nocturno. Una vez se alcanza la altitud de crucero, tras el servicio de la cena, se atenúan las luces de cabina, lo que permite disfrutar de un largo sueño que hace más cortas las trece horas de vuelo. Esa era la rutina que seguía Javier en sus frecuentes viajes intercontinentales. Su vecina de asiento ese día necesitaba combatir la ansiedad que, al parecer, le producía volar con una casi frenética actividad: comer, leer, hablar, moverse… ¡Vaya vuelo que me espera…! –pensó Javier, tratando de acomodarse en el asiento ya convertido en cama- -Me llamo Valeria –oyó- ¿Le importa si hablamos un rato? Perdone, pero es que… lo siento, le estoy molestando. -No, claro que no… ¿le ocurre algo? –contestó, al tiempo que restablecía la posición vertical de su butaca- -Volar, me da miedo volar… Bueno, miedo no, pero no lo puedo remediar. Si me duermo pienso que… -Ya. En el fondo, creo que todos lo pensamos: ¿por qué vuelan los aviones? En estos vuelos, ad...