Entradas

Mostrando entradas de abril, 2020

SIEMPRE HAY UN PORQUÉ

Imagen
No sé por qué he elegido viajar en tren; lo lógico hubiese sido hacerlo en avión. Voy ligero de equipaje y tengo prisa por llegar. Lo cierto es que aquí estoy, con siete horas por delante hasta alcanzar la frontera. Allí me apearé, la cruzaré a pie arrastrando mi maleta y tomaré el primer tren que me aleje del que hasta ahora ha sido mi mundo.  Pienso que ha ido estrechándose cada vez más, hasta sentir cómo oprime mi cuello. Mis sentidos aborrecen todo cuanto veo, cuanto oigo. Hasta mi tacto ha perdido la superficie que tan bien conocía, en la que me solazaba. Ya nada sabe igual.  Pero no quiero darle un carácter épico a este viaje. Nada que ver este moderno tren con aquellos en los que tantos otros antes que yo recorrieron este trayecto, acuciados por trances y miserias superiores a la mía. Lo mío, al fin y al cabo, no es más que una postura de carácter moral; o, quizás, la demostración de mi incapacidad para enfrentarme a lo que tanto desprecio. Hasta cobardía podrí...

EL PRIMER VIAJE

Imagen
Fue tu primer viaje. Los casi mil quilómetros que separaban el origen y el destino no era la mayor distancia a recorrer. Esta había que medirla por las enormes diferencias entre un norte que empezaba a aliviarse –al menos en lo material- del luto de la guerra y aquel sur que, aún bañado por el mismo mar, permanecía inalterado en lo esencial.  Tus padres, tu hermana y tus abuelos paternos viajaron en automóvil. Tú lo hiciste en un autobús de línea con tu tía Isabel, hermana de tu madre. Dieciséis o diecisiete horas de trayecto del que poco recuerdas, salvo que, en alguna de las paradas, allí estaban tus padres esperándoos para asegurarse de que os encontrabais bien. Ellos hicieron noche en la provincia de Alicante, no sin antes encomendaros a una conocida que viajaba con vosotros. Ella os daría cobijo esa noche en casa de su familia a la que iba a visitar. A vuestra llegada a Cuevas del Almanzora, casi de madrugada, la esperaban no menos de diez personas, familiares y alleg...

LA MAESTRA

Imagen
  La Maestra   Cuando llegaba el buen tiempo pasaba las tardes en la mecedora, bajo la parra que cubría el porche. Siempre tenía a mano una toquilla por si refrescaba. Mientras esperaba la llegada de su sobrina, paseaba la mirada por el huerto ahora marchito y, sin la nitidez de antes, veía los frutales que su padre había plantado cuando ella era niña. Sonreía pensando qué de esos árboles, como de su vida misma, poco fruto cabía ya esperar.  "Doña Margarita, doña Margarita" -oía las voces de los cientos de niños que en su memoria la acompañaban- "Nunca estoy sola" -se decía- "Ellos están conmigo, sigo corrigiendo sus dictados y redacciones. Y...¡el latín! ¡Qué disgustos me daban con el latín" Los veía con su pantalón corto, las rodillas magulladas, las manos manchadas de tinta; en invierno, con sabañones y acercando las manos a la estufa de leña. Siempre, en los recreos, asomados a la valla del patio de las niñas.  Había tratado de contagiarle...

La Jóven República

Imagen
LA JÓVEN REPÚBLICA . The New Yorker, a pesar de su casi total enfoque editorial en la vida social y cultural de Nueva York, a instancias del departamento de Cultura Latinoamericana e Ibérica de la Universidad de Columbia y mediante su apoyo económico, había accedido a la publicación de una serie de artículos sobre la recién instaurada República española.  David Hachuel, joven colaborador de la revista y recién egresado de Columbia, llegó a Madrid, en mayo de 1932, con el encargo de plasmar en seis entregas otros tantos efectos de aquella República que, en los Estados Unidos, despertaba más temor que simpatía, dado que los escuetos despachos que venían publicando los periódicos de referencia dibujaban un caos en el que hacían coincidir anticlericalismo, socialismo y anarquía. El simple enunciado de una “República de trabajadores” causaba temor.  En sus primeros días en la capital, Hachuel se vio desbordado por una sociedad vocinglera, hiperventilada y, muy a s...